AMISTAD 94.3 FM
LA SEÑAL DE UN TIEMPO NUEVO

Inicio

Sobre Mí


<<   Enero 2011    
LMMiJVSD
          1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30
31       

Categorías
General [2] Sindicar categoría

Archivos
Junio 2006 [2]

Sindicación
Artículos
Comentarios

Enlaces
eGrupos
ZoomBlog

El arte de poner límites a los hijos

Silvia tenía grandes planes para su familia. Iban a ir al Jardín Zoológico y se deleitaba con la idea de cuánto se divertirían. Como habían programado salir al mediodía, durante el desayuno comenzó a pensar qué debía hacer cada miembro de la familia antes de partir. Quería que su hijo Juanjo hiciera la limpieza del jardín que venía postergando –algo que sucedía habitualmente– porque ese día debían devolverle algunas herramientas a un amigo.
Silvia le dijo a Juanjo que “debía” hacerlo antes de partir. Puso énfasis en que “terminantemente” debía finalizar el trabajo antes de las 11:30 , por lo tanto, debía asegurarse de empezar temprano. Una hora después, Juanjo todavía no había comenzado y Silvia se lo volvió a recordar. Media hora más tarde, repitió las mismas palabras.
Estuvo muy ocupada en otros quehaceres y a la hora señalada, entró a la sala y encontró a Juanjo mirando televisión.
–¿Qué estás haciendo? –gritó. –Te dije que terminaras con el jardín antes de que nos fuéramos. ¡Ahora saldremos tarde! No Puedo creer que nos hagas esto.
Continuó quejándose, muy enojada, hasta que ella misma, papá, una hermana y Juanjo finalizaron el trabajo de limpiar el jardín para poder partir a la hora prevista. El viaje al Jardín Zoológico fue bastante menos que agradable. Se podía “respirar” el enojo hacia Juanjo. El resto del día continuó de la misma manera.

A unas cuadras de allí, se producía una situación similar, pero con diferentes resultados. Marita tenía planes para ir de compras esa tarde con sus tres hijas. Les había dado instrucciones acerca de qué debían hacer antes de partir. Les dijo que saldrían a la una de la tarde y que quienes no hubieran terminado sus obligaciones para esa hora, no serían de la partida.
Unos quince minutos antes de salir, descubrió que Julia, su hija del medio, no había terminado con sus obligaciones.
–Parece que has elegido no venir con nosotras –le dijo Marita a Julia. –¡Qué pena! Te vamos, a extrañar.
–No puedes hacerme eso. ¡No es justo! –exclamó Julia. –Me parece que dije claramente que debían terminar sus tareas antes de que saliéramos de compras. Lamento mucho que eligieras no hacerlas. Te veremos más tarde. Dicho sea de paso, ahora no tengo tiempo para pensar en una consecuencia si no las terminas para la hora de la cena, pero tal vez no deba preocuparte por eso. Te echaremos de menos. Adiós.
Marita y sus otras dos hijas pasaron una tarde maravillosa.

El principio de la realidad
Los padres se ven en problemas cuando no pueden distinguir entre las consecuencias psicológicas y negativas de las relaciones, en contraposición a las consecuencias de la realidad. La vida funciona con las consecuencias de la realidad.
Las consecuencias psicológicas y negativas de las relaciones, tales como enojarse, enviar mensajes de culpabilidad, reprochar y dejar de dar muestras de amor, por lo general no motivan a las personas a cambiar. Pero si lo hacen, ese cambio es temporal y está dirigido únicamente a lograr que la persona deje de ejercer una presión psicológica.
El verdadero cambio generalmente se produce solo cuando la conducta de una persona hace que esta deba enfrentar consecuencias de la realidad tales como: dolor o pérdida de tiempo, dinero, posesiones, situaciones de disfrute y personas queridas.

En las situaciones que describimos, Silvia y Marita pasaban básicamente por la misma circunstancia, pero sus respuestas fueron totalmente opuestas. Silvia empleó consecuencias psicológicas y negativas sobre las relaciones y evitó las consecuencias de la realidad. Marita evitó las consecuencias psicológicas, y aplicó las consecuencias de la realidad.
En pocas palabras, Marita permitió que Julia experimentara la Ley de la siembra y la cosecha. Ella sembró irresponsabilidad y cosechó la consecuencia: la pérdida de algo que quería. ¿Acaso no es así como funciona el mundo real? ¿No le hará falta comprender esa ley cuando llegue a la adultez? Consideremos lo que dice Dios: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará...” (Gálatas 6:7-8).
¿No es cierto que cuando se nos permite pagar un precio por nuestros errores, aprendemos de ellos? Las pérdidas de la realidad nos hacen cambiar nuestra conducta.

Dependemos de la Ley de la siembra y la cosecha a diario, tanto positiva como negativamente. Dios la ha colocado en el universo y podemos construir una vida alrededor de ella. Desde el aspecto positivo, dependemos de esta ley para que sucedan cosas positivas: Si me esmero, podré progresar en mi carrera. Si hago suficientes llamados telefónicos, haré algunas ventas. Si estudio la Biblia y busco a Dios, creceré espiritualmente en mi relación con Él.
O situaciones negativas: Si como todo lo que deseo, engordaré o tendré alguna afección cardíaca. Si grito a las personas que quiero, las lastimaré y se producirá una distancia entre nosotros. Si no presto atención a lo que gasto, puedo llegar a tener problemas financieros y a perder mi libertad.
El aspecto positivo de la Ley de la siembra y la cosecha nos otorga un sentido razonable de poder y control sobre nuestras vidas.
Eso es lo que quiso Dios para nosotros, y él se complace cuando invertimos nuestros talentos y nuestras vidas para cosechar frutos (Mateo 25:14-30). Tanto la Biblia como la vida misma demuestran que el esfuerzo, la diligencia y la responsabilidad dan sus frutos.

El aspecto negativo de la Ley de la siembra y la cosecha nos brinda un sano temor por las cosas malas. Un respeto sano por las consecuencias nos permite vivir en la realidad y encontrar un rumbo para nuestras vidas. A través del efecto de los fracasos en las relaciones, aprendemos por ejemplo, a amar como corresponde.
Pero si no asimilamos la Ley de la siembra y la cosecha, perdemos tanto los aspectos positivos como los negativos de la vida. Nos falta la motivación para esforzarnos en nuestro trabajo y, al mismo tiempo, no le tememos a la pereza, a la irresponsabilidad y a otros problemas de carácter. Ambas situaciones producen sufrimiento: la pérdida de los buenos aspectos de la realidad y tener que enfrentarnos con los que no son tan buenos.
Piense en lo que aprendió Juanjo: No tienes que hacer tu trabajo, puesto que todos lo harán por ti. No sucederán cosas malas cuando uno no se desempeña bien. Uno puede dejar de lado sus responsabilidades y aun así ir al Jardín Zoológico.
Uno no pierde nada. Es cierto, la gente te grita, pero si no los escuchas, eso no constituye un problema. Más adelante, esto servirá de práctica con los jefes y el cónyuge.

Cambia la edad, no la ley
La ley de la siembra y la cosecha les enseña a los niños a tener “dominio propio” (Gálatas 5:23), una de las lecciones fundamentales de la vida. Aprenden lo siguiente: ‘Yo tengo el control sobre la calidad de mi vida”. Se dan cuenta de que pueden optar entre no salir y sentirse desgraciados, o salir y jugar. Si eliges hacer tus tareas, juegas. Si eliges evitar hacerlas, pagas. Cualquiera sea el caso, el niño es quien controla su vida y no sus padres.
Cuando el niño es pequeño, el contenido puede ser: “No toques eso o te pondré en penitencia”. Cuando crece: “No cruces la calle con la bicicleta o te la quitaré”. Si es adolescente, puede ser: “Si te multan, no te presto más el automóvil”.
La fórmula consiste en brindarle al niño libertad, permitirle que decida y luego manejar apropiadamente las consecuencias.
Cuando los niños hagan un buen uso de sus responsabilidades, dígales cuán orgulloso se siente de ellos e incremente sus libertades. Asegúrese de que sepan por qué están obteniendo más privilegios. La razón es porque son más dignos de confianza.

Tomado del libro: Límites para nuestros hijos Por Henry Cloud y John Townsend Editorial Vida.

Publicado por www.losmensajeros.com el 10 de Junio, 2006, 5:39 | Referencias (0)

¿Por qué los cristianos debemos luchar contra el aborto?

Se me ha dicho que los cristianos no debemos meternos en política. Recientemente lo escuche en una entrevista de radio; dijeron allí que si en su país se quisiera legalizar el aborto, usted haría una batalla campal. ¿Cree usted que debemos hacerlo y por qué usted lo cree?

Por supuesto que lucharé con todas mis fuerzas para que no se legalice el aborto en ningún país de América Latina, y escuchaste bien cuando dije que haría una batalla campal pero, por supuesto, mi batalla es de principios y estoy comprometido a tomar acciones concretas, pero todas dentro de la ley.

Que los cristianos no debemos "meternos" en política es una declaración muy nebulosa. La política es el arte, la doctrina y opinión referente al gobierno de los Estados. Es la actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, voto o de cualquier otro modo. En ese sentido, todos participamos y debemos participar en la política. Es un deber ciudadano votar y dar su opinión a favor o en contra de lo que se ajusta o no a sus valores morales. No creo que los cristianos debemos formar un partido político, pero podemos participar en los partidos políticos sin ser parte de las ilegalidades y componendas. No creo que debe haber un partido exclusivo para cristianos, pero que el participar en los gobiernos y tener influencia en su país debería ser una gran meta de los cristianos con fuertes convicciones, madurez y grandes valores morales.

El hacer conocer mi posición y al luchar en contra de lo que es erróneo según mi interpretación bíblica y los valores morales que sostengo, no es mi opción, es mi obligación.

El dilema acerca de si se debe o no permitir el aborto es parte de la discusión de toda sociedad. Los médicos, los políticos, los religiosos, los periodistas y muchos otros damos nuestra opinión de acuerdo a los valores y principios que son parte de nuestra formación. Como consejero no puedo callar frente a una realidad y un debate que requiere que los que amamos la vida y el derecho a vivir de todos los seres humanos hablemos con pasión. Creo que tal como ocurrió con la esclavitud, el aborto no se resolverá por sí solo. Hay que legislar contra lo que destruye la dignidad y el derecho a vivir dignamente de las personas, y es una obligación cristiana luchar con todos los medios legales para que en nuestras leyes existan marcas de la más alta moralidad.

En los Estados Unidos es común que los que se oponen al aborto sean encarcelados después de sus protestas frente a una clínica de abortos. Lamentablemente, algunos han llegado al extremo de romper la ley y aun asesinar a médicos que realizan abortos y a quienes ellos llaman "asesinos de niños". Estoy convencido que ese no es el camino. No se deben romper las leyes ni asesinar, aunque en su opinión esos médicos sean asesinos de niños.

Me desagrada la posición simplista que algunas personas han establecido. Ellos dicen "yo no quiero imponer mi posición, que cada uno elija lo que su conciencia le dicte". Si así se hubiera tratado de definir la terrible situación de la esclavitud, aun estaríamos rodeados de esclavos.

No dudo que es más fácil adoptar una posición pasiva, pero no puedo sentarme tranquilo mientras miles de niños son asesinados.

Por ello, al actuar como un opositor de las leyes a favor del aborto, tengo tres propósitos en mente que espero usted también adopte.
Primero, deseo crear conciencia de lo crudo de los hechos y la terrible realidad.
Existen miles de niños que son asesinados por considerarlos que llegan en momento inconveniente. Muchas adolescentes buscan la salida aparentemente fácil para esconder sus escapadas sexuales. Muchas mujeres y hombres adultos ni siquiera conocen las terribles consecuencias físicas y emocionales que experimentarán por realizar un aborto. Estoy convencido de que muchos lo hacen por ignorancia.

Segundo, deseo desanimar a los que enfrentan la decisión de realizar un aborto.
Las mujeres pobres, las señoritas que tuvieron relaciones sexuales a escondidas, las mujeres liberales y muchas otras que se encuentran en una situación infeliz serán tentadas y aun presionadas a resolver el dilema destruyendo la vida de un niño que se desarrolla en el vientre materno. Quiero desanimar a las que experimentarán más dolor que el que pueden imaginarse. Puede quitarse a un niño del vientre y echarlo en un tarro de basura, pero no puede quitarse esa vida de su mente, ni la idea de lo que podría haber sido ese niño y no fue.

Tercero, deseo animar y ofrecer consolación y restauración.
No soy un amargado que intenta que se destruyan los que destruyeron a sus hijos. Creo que ellos necesitan ser confrontados con su error y pecado y, además, si se arrepienten y quieren realizar un serio cambio, deben ser perdonados, consolados y restaurados. A los que por ignorancia, error, presión o por cualquier causa ya lo realizaron y sufren las consecuencias de ese acto de maldad, deseo comunicarles mi deseo de que dejen de vivir en la culpabilidad. Quiero que sepan que pueden sanar sus heridas aunque no es una operación sencilla ni existe cura fácil. Quiero animar a los jóvenes que viven diariamente en la constante lucha de mantener sus valores morales y su virginidad, y motivar a cambiar a los jóvenes que por seguir sus pasiones viven en la promiscuidad. Quiero motivarlos a elegir lo que nunca se arrepentirán. Quiero animarles a tener un compromiso con la pureza y la abstinencia sexual hasta el matrimonio.

Deseo motivar a que quienes definitivamente no quieren tener un niño, o no creen poder sostenerlo, a que ofrezcan a ese niño en adopción en vez de optar por la destrucción. Quiero animar a quienes por alguna razón no pueden tener hijos a que pasen por un proceso de asesoramiento profesional que los prepare para adoptar algún niño despreciado. Además, a todos los que creen como yo, quiero animar a involucrarse en propagar los más altos valores morales, ayudar a quienes sufren la tentación de realizar un aborto y oponernos y luchar con todas nuestras fuerzas y dentro de la ley, para que en nuestros países nunca permitan el aborto legal.

Mi esperanza es que usted sienta deseo y tome la determinación de involucrarse personalmente para preservar la vida de los inocentes, en vez de tomar una actitud pasiva y estar de acuerdo con la idea de permitir el aborto vaya avanzando lentamente, mientras miles de niños son asesinados diariamente.

Por lo menos, como señorita, determina nunca dañar tu cuerpo, tus emociones o el fruto de tu vientre. Como padres, determinen por lo menos instruir a sus hijos que tengan buenos valores y que resistan la tentación de destruir una vida rápidamente. Enséñeles que resistan con fortaleza y valientemente, que amen la más alta moralidad y que desechen todo involucramiento con la maldad.

David Hormachea es conferencista y consejero familiar. También es anfritrión del programa internacional de radio "Visión Para Vivir" y presidente de la corporación de ayuda a la familia "De Regreso al Hogar". Usado con permiso. Tomado de: Integridad.com

Publicado por www.integridad.com el 10 de Junio, 2006, 4:42 | Referencias (0)

Blog alojado en ZoomBlog.com